—Haré como si no hubiera escuchado nada de lo que acabas de decir… —dijo Cristian con esa calma infinita que tanto la desquiciaba.
A Estefanía no le importaba estar caminando sobre un hilo muy delgado: su paciencia.
—No, escúchalo muy bien, Cristian…
—Basta de decir tonterías —la interrumpió él, tomándola del mentón con fuerza—. Si no vas a usar esa boca para decir algo útil, voy a tener que ocupártela yo.
Estefanía guardó silencio, observando en vivo y directo el cambio en sus orbes.
El color