Cristian salió de la habitación después de darle esa orden.
Estefanía miró la cama.
Era enorme, de sábanas impecables.
Se suponía que debía subirse en la misma y esperarlo, pero no se sentía en condiciones para intimar esta noche.
¿Se molestaría si se iba?
Observó hacia la puerta.
Sus pasos vacilantes querían ir en esa dirección.
Desobedecer por una vez.
Se mordió el labio por un segundo, considerándolo, antes de que la puerta se abriera por sí sola.
Allí, frente a sus ojos, estaba él: una