Primero Estefanía no había querido acostarse en esa cama.
Ahora no quería levantarse.
Por primera vez en mucho tiempo había tenido un sueño tranquilo.
Ni un solo despertar en medio de la noche.
Ni una sola pesadilla.
Ni una sola lágrima derramada por la discusión con su hermano.
¿Qué tenía esa cama o qué tenía el aroma de Cristian que la tranquilizaba tanto?
Quizás era la seguridad que desprendía.
La firmeza que demostraba en cada paso.
¿Un hombre como él le temería a algo?
Estaba segura de que