En las entrañas del barco, Harper gateaba hacia la caja de control, sentía el terror de la caza, pero también una claridad punzante., sabía que esta era su única oportunidad de devolver el golpe.
Uno de los secuaces se acercó demasiado, el chapoteo de sus botas de combate en el agua estancada era inconfundible, Harper se detuvo detrás de unos fierros gigantes y se quedó inmóvil, esperando que él pasara.
Él se detuvo, y el silencio casi hace que el corazón se le paralizara.
— Sé que estás ahí, m