Damon tecleó un número y esperó, con la mirada fija en el techo, como si estuviera viendo más allá de los frescos de la mansión.
Cuando la llamada conectó, Damon no habló en español, ni en inglés, ni en nada de lo que Harper entendiera. Su voz se volvió áspera, rápida y dominante.
— Jó napot — saludó, la palabra húngara resonando extraña y autoritaria en el aire.
Harper no entendía el idioma, pero el acento gutural y la rapidez con la que escupió la palabra le dieron escalofríos. Damon, el empr