Harper se quedó inmóvil en el pasillo, observando la figura estilizada y elegante de Axa alejarse. El sonido rítmico de sus tacones de aguja sobre el linóleo pulido del hospital era como el tic, tac de un reloj, marcando el tiempo que la separaba de su propia cordura.
Sus palabras:
“ No te acerques a mi ex marido ” resonaban en su mente, y el escalofrío que había sentido no era por el frío aire del hospital, sino por el miedo.
Axa no era solo una mujer celosa como las mujeres enamoradas, no ama