Harper despertó con un sobresalto, la cabeza todavía apoyada en la almohada. El sol, ahora alto en el cielo, inundaba la habitación con una luz brutalmente brillante, y el recuerdo de las manos de Damon recorriéndola, de su roce, de la chispa eléctrica que los unía, la hizo sentir un escalofrío.
Se levantó, sintiendo el dolor en su tobillo. La venda, que Damon había puesto, era una prueba de su ternura. Y la ternura, para Harper, era un arma de doble filo, le daba algo de seguridad, pero tambié