Gabriel
No podía permitirme perderla. Cada vez que cerraba los ojos y recordaba su sonrisa, su risa, la forma en que me miraba durante nuestras citas, mi pecho se apretaba de una mezcla de deseo y desesperación. Mi entrenamiento me había enseñado a desconectarme de cualquier emoción, a ejecutar mis misiones sin vacilaciones. Pero Clara era diferente. Clara era una anomalía.
Mientras caminábamos juntos por la universidad, intentando que todo pareciera natural, notaba cada detalle: cómo movía el