Ole tú! Nos vamos de crucero.
El amanecer los recibió ya en el salón de operaciones. El fallo de la noche anterior y la inminencia de un nuevo plan no les habían permitido dormir demasiado. Damián estaba de pie junto a la ventana, los nudillos blancos donde se aferraba al marco. Lucía, en el sofá, apretaba una taza de café ya frío entre sus manos.
Vijay irrumpió en la estancia, sus ojos inyectados en sangre pero brillando con una chispa febril. Llevaba una tablet pegada al pecho.
—He cruzado los datos de anoche con el archivo maestro —anunció, su voz ronca por la falta de sueño pero cargada de urgencia—. Los pocos datos sacados de la mansión y el banquete de la USB… al mezclarlas, sale un patrón. No es bonito.
Damián se volvió, la esperanza una cosa fría y contenida en su garganta. —¿Algo concreto o solo más acertijos?
—Algo concreto —aseveró Vijay, conectando la tablet a la pantalla principal. La imagen de un hombre joven, impecable y arrogante, llenó la pared. —Arturo Salgado. La joya de la corona y, al parecer