El crucero. (Parte 1)
PRESENTE
—¡Damián, no! —El grito de Lucía desgarró el aire viciado de la bodega, rebotando contra las frías paredes de acero del contenedor sellado. Sus manos se aferraban al brazo de él con fuerza desesperada. —¡Si vas a ellos te van a matar! No van a perdonarte, ¡será tu fin, Damián! No quiero, no puedo perderte.
Los pasos resonaban ya en el pasillo exterior, pesados, urgentes. Diez hombres, quizás más. La luz de sus linternas se filtraba por la rendija de la puerta blindada.
Damián se volvió