Mundo ficciónIniciar sesiónLa escena de Damián y Elena, tan perfecta y falsa, se le había grabado a fuego en la retina. Lucía pasó la noche dando vueltas en la cama, la rabia y una punzada de celos retorciéndose en su estómago. Si él quería jugar su juego de apariencias, ella podía jugar el suyo. Y tenía la pieza perfecta.
A la mañana siguiente, se vistió con una falda ceñida y una blusa de seda que sabía que realzaban sus curvas. Su objetivo: Javier Márquez, el atractivo y amable abogado de la empresa que le






