La orden de Damián resonaba en sus oídos: "Olvida lo que hayas visto". Pero era imposible. Cada interacción, cada mirada esquiva, cada documento extraviado, formaba un rompecabezas siniestro. Lucía ya no era una simple pasante humillada; era una mujer con un misterio entre las manos y una rabia que la consumía.
Decidida a desentrañar la verdad, esperó a que la oficina estuviera vacía. La medianoche envolvía el rascacielos en un silencio opresivo. Sabía que acceder al sistema central de Damián e