Mundo ficciónIniciar sesiónTras asumir el papel del imperio empresarial de su padre, Dominic Anderson se obsesionó con encontrar a la secretaria perfecta. No buscaba solo eficiencia o puntualidad, exigía precisión quirúrgica, lealtad inquebrantable y una mente capaz de anticiparse a sus pensamientos. Una tras otra, las candidatas fallaban. Ninguna lograba encajar en el molde de perfección que él había forjado. Hasta que llegó ella. Pequeña, serena, con una mirada que parecía medir cada rincón de la sala. Paula Jones no solo superó las pruebas... las rediseñó a su favor. En cuestión de días se convirtió en indispensable. Silenciosa, eficaz, impecable. —Soy Paula Jones, la secretaria del señor Anderson. Pero Dominic aún no lo sabe: no fue él quien la eligió. Fue ella quien se dejó encontrar. Y su verdadero informe apenas comienza.
Leer másDominic Eric aparcó el auto frente a la entrada del hotel. Era elegante con puertas grandes de manera tallada, una gran alfombra que se extendía como un río de terciopelo, luces cálidas que impedía que apartaras la vista y cinco pisos repletos de habitaciones que pormetían comodidad sin importar cuál eligieras. Bajé sin decir nada, ajustando el saco como un gesto automático mientras avanzaba. El portero, impecablemente vestido, hizo una leve reverencia mientras abría la puerta. En la recepción estaba un joven con uniforme azul que al verme, cambió su expresión totalmente indiferente por una llena de sorpresa y nerviosismo. Se enderezó de inmediato como si hubiese reconocido algo más que mi cara. —Bienvenido, señor Anderson —saludó con la voz ligeramente temblorosa—. La señorita Moretti lo espera en la suite 512. No respondí, solo asentí y tomé el ascensor. El trayecto hasta el quinto piso fue tranquilo, acompañado de la suave música clásica que salía de los parlantes. Al llegar,
Paula Hoy era mi día de ingreso a la oficina. Era viernes y había llegado temprano para poder revisar todo cuidadosamente. Todo el papeleo estaba en orden, no había nada por firmar, las reuniones tenían sus fechas definidas y lo único que restaba era la conferencia en Italia, Santa María Novella. Mi jefe había viajado con Eric como su acompañante, debido a mi tobillo lesionado. Se suponía que debía quedarme en la oficina, pero no había nada por hacer. A las 2:00 pm en punto desaparecí. Nadie me vio salir. Nadie preguntó. Me dirigí al aeropuerto con un pasaje comprado bajo una identidad que ya no existía oficialmente, decidida a viajar por mi cuenta hasta Santa María Novella. La razón era bastante simple. Con Dominic lejos, mis intentos de monitorear sus movimientos no eran posibles. Necesitaba tenerlo cerca, pero al mismo tiempo necesitaba ver a mi objetivo principal: Giulia Moretti. Giulia y yo fuimos parte del proyecto Hermes años atrás. Un experimento en cubierto financiado p
Dominic Paula se incorporaba hoy a la empresa. Durante su ausencia, Eric fue el encargado de sus tareas y no era ningún secreto que lo hacía a regañadientes. Se quejaba constantemente, como si llevar el peso de dos puestos fuera una injusticia personal. Además, tenía que asistir conmigo a las reuniones que llevaban semanas en agenda, lo que aumentaba su mal humor. Ahora yo estaba en Italia, rumbo a una conferencia que prometía ser más interesante por los asistentes que por el contenido. El tren avanzaba entre colinas verdes y pueblos que parecían detenidos en el tiempo. Revisaba los correos de mi tablet, intentando ponerme al día antes de llegar al evento. Uno de ellos era de Paula, lo cual captó por completo mi atención. > "Señor Anderson, por favor dele mis más sinceros agradecimientos al señor Eric. Sé que no fue fácil, pero ya estoy de vuelta y lista para retomar mis labores. Cuando regrese me gustaría hablar de algo con usted. Le deseo un lindo viaje." La última frase me dej
Eleanor no mostró inquietud alguna. —Claro, Dominic. Ella es la chica perfecta para ti. Tal vez no hayan convivido tanto, pero se nota que se complementan mejor que nadie. Sostuve la mirada sin bajar la guardia. Sabía que este tipo de temas eran bastante delicados, por lo que debía ser cuidadosa con las palabras si quería evitar algún contratiempo. Los ricos normalmente solo hablaban de matrimonio cuando sabían que podrían obtener algo de la otra persona, entonces ¿qué podía ofrecerles? Ya lo tenían todo, yo no hacía falta en sus vidas. —Es amable de su parte, pero mi rol no va más allá de lo profesional —afirmé con la sonrisa más sincera posible. El padre de Dominic asintió. —Profesional, sí. Pero también emocional. Seamos honestos, Dominic nunca ha traído a otra mujer más que a ti. El silencio se hizo más denso. Dominic se acomodó en su lugar, cruzando sus dedos frente a él y tomando la típica postura dominante que usaba en las reuniones con nuevos colaboradores
Último capítulo