Paula
Sonreí.
Dominic lo había asignado directamente. Simplemente perfecto.
—¿Sucede algo? —preguntó al notar cómo le sonreía al teléfono.
—Nada —respondí—. Solo pensaba en lo bonito que se siente que te cuiden. Aunque lo hagan mal.
Silencio.
Quité la mirada del teléfono y lo observé con cautela. Su mirada ya estaba sobre mí, escaneándome.
—Descansa esta tarde. Ya alguien más se encargará de tus labores.
Suspiré, dedicándole una sonrisa.
—Gracias, señor. Me aseguraré de a