36. La espera

A la mañana siguiente, Hellen descansaba en la recámara en donde se había estado quedando en la mansión de su tía. Se había terminado de duchar y se había colocado ropa más cómoda. Había comido del desayuno que habían preparado. Se tiró boca arriba en la cama.

Hellen cerró los ojos, tratando de encontrar un momento de paz en la oscuridad detrás de sus párpados. Las imágenes del evento que había tenido que realizar se repetían una y otra vez en su mente, pero ahora, en la luz del día, parecían m
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