118. La reverencia
Al llegar a su apartamento, el lugar que solía ser su refugio ahora se sentía grande, vacío, como si la calidez que Hadriel había traído consigo se hubiera desvanecido. Sin embargo, cuando cruzó la puerta, el sonido suave y rítmico de la respiración de sus gemelos la recibió. Esa melodía calmó un poco el caos que se arremolinaba en su interior. Hellen se dirigió al cuarto de los niños, y al entrar, una oleada de amor y ternura la envolvió. Sus dos pequeños estaban allí, en su cuna, durmiendo pa