117. La separación
Las piernas de Hellen temblaron, y, por un momento, pensó que no podría sostenerse en pie. El peso de la tristeza la aplastaba, haciendo que todo a su alrededor pareciera gris y sin vida. Quería ser fuerte, mantener la compostura, pero cada segundo que pasaba sin él a su lado la debilitaba más. Así, cuando Hadriel desaparecía de su vista, experimentaba como la última chispa de esperanza se apagaba en su interior. Estaba sola, y aunque era lo que ella misma había decidido, el dolor de esa soleda