Tras un par de minutos de silencio absoluto, fue mi suegra quien rompió el silencio. Por supuesto, no podían parar las hostilidades, ni dejarme a mí tomar las decisiones.
—La boda será en la catedral.
Por supuesto, era el sitio donde se casaban todos los poderosos de la ciudad. Solo estos conseguían permisos del obispo, seguramente tras una cuantiosa suma de dinero.
—¿Por qué?
—No es obvio. Es el mejor sitio.
—¿El mejor o el de mayor prestigio?
—La basílica de Santa Catalina lucirá