Estaba entretenida con la comida, decidiendo si comer o no comer, cuando una voz me sacó de mis pensamientos.
—Buenos días, cariño.
La voz masculina me hizo pegar un brinco inesperado. No sabía cuándo se había abierto la puerta, ni cuánto tiempo llevaba siendo observada. Preparé una respuesta mordaz, pero cuando descubrí su rostro, me quedé congelada por un momento, antes de soltarla.
—No soy tu cariño. —Lo fulminé con la mirada. —Solo hay un hombre digno de llamarme así: Alessandro Romano. Y d