Jorge debió notar mi miedo, porque su sonrisa se ensanchó.
—Todavía puedes pedirme que no lo abra.
No pensaba concederle aquella victoria.
—Ábrelo.
Jorge giró al fin la llave mientras mi corazón se paraba.
El clic de apertura resonó con fuerza en la habitación.
—No… no quiero verlo.
—Ahora dices que no quieres verlo. Hace un momento me ordenabas que lo abriera. —Se volvió sonriendo hacia mí, pero sin terminar de abrir.
Dejó la puerta cerrada, pero la cerradura abierta. Caminó hasta la mesa dond