Nada más colgar el teléfono, comencé a dar órdenes. Primero mandé a mis hombres tras Natalia. Media docena de vehículos salió de las instalaciones.
Estaba a punto de subir al último cuando cambié de planes. No llegarían a tiempo. Ordené movilizar a otro grupo y subí al helipuerto de la torre.
Había comprado aquel helicóptero recientemente para los desplazamientos de Natalia. Desde el aire sería mucho más difícil interceptarla como estaban haciendo en ese preciso instante.
Pero lo había co