El chófer giró el volante con violencia. Mi hombro chocó contra la puerta mientras las ruedas chirriaban sobre el asfalto.
Karem seguía con la mano extendida hacia mí. Acerqué la mano con duda para coger la cápsula.
—¿Qué lleva? ¿Un somnífero para dejarme inconsciente?
Un estruendo sacudió el coche. Una bala acababa de impactar contra el parabrisas. El cristal aguantó, aunque una telaraña blanquecina se extendió unos centímetros desde el punto del impacto.
—Cristales blindados. Ahora tráguesela