El corazón del guardaespaldas: 33. Correr tras el amor
Una semana después…
Observaba la ciudad desde la ventana de su habitación cuando escuchó la puerta.
— ¿Puedo? — Era Emilio.
No la había dejado sola ni un instante desde lo ocurrido, salvo para agilizar todo el asunto con los abogados por ella. Declararía la mañana del día siguiente y entonces, con todas las pruebas recaudadas en contra de Renzo, pagaría las consecuencias por lo que le había hecho a su hermana pequeña.
La jovencita asintió, intentando incorporarse.
— No, siéntate — le pidió su h