El corazón del guardaespaldas: 32. Corazón herido
— Ara, yo… — intentó explicarse. Su interior había comenzado a bullir para ese instante — escucha.
— Solo respóndeme, Leo. ¿Es verdad? — preguntó, tímida. Una parte de ella no quería saber la respuesta, se negaba — ¿Lo que dijo Renzo es cierto?
Él ni siquiera la miró a los ojos, tan solo bajó la cabeza y asintió. Ella ahogó un asombro y se limpió una lágrima que comenzó segundos antes a rodar por su mejilla.
— ¿Y… todo esto? — murmuró, su corazón estaba desquebrajándose de a poco — Me refiero,