43. Oficina, besos y… ¿una brujita celosa?
Después de haber proporcionado a los investigadores la información necesaria con su frágil voz, quedaron solos.
— Me duele un poco la cabeza… ¿puedo irme a dormir? — le preguntó despacito.
Emilio, por supuesto, no lo dudó y tomó su mano, le besó el dorso con delicadeza absoluta y la llevó hasta su habitación. Una vez allí, la metió bajo las cobijas y le acarició la mejilla bajo su mirada dulce y atenta.
— Iré por un par de analgésicos, ¿me esperas? — musitó con un roce cálido sobre su frente.
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