42. Su bruja, su hada, su única brújula
Después de ese delicioso beso que compartieron, ella se quedó dormida, más que serena y feliz con la sensación de hormigueo que le provocó el contacto.
Emilio besó su frente antes de salir de la habitación, y allí mismo, a pocos pasos de distancia, su madre y hermanas no se habían movido para nada, tan solo parecía ser que comieron algo de la cafetería y nada más, pues ansiaban, tanto como él, que esa muchacha que tan rápido se había ganado su cariño, pronto pudiera salir de ese lugar.
Decirles