38. Su hada estaba prendida en fiebre
De primera, no comprendió muy bien que era lo que ella leía, hasta que su mirada cambió de orientación y su pechó colapsó de golpe.
No, no, no.
Dejó todo lo que estaba haciendo para ir con ella, necesitaba explicarse.
— Grecia… — intentó decir, pero ella lo silenció con un movimiento de cabeza.
— ¿T-tú me investigaste? — logró hablar, el horror, el miedo, el peso de la decepción, todo arremolinándose en su interior hasta el punto de querer hacerla vomitar.
Emilio, ahora preocupado por ese tono