39. Saberla sana y segura... nada más importaba
— No llegarás con tiempo a roma, debes actuar rápido y bajarle la fiebre… escúchame — le había dicho su amigo Luca tan pronto lo llamó y le explicó con el corazón a punto de perforarle el pecho lo que estaba sucediendo.
Emilio, más preocupado y asustado que atento, puso el móvil en altavoz y lo lanzó a la cama, tomando a su pequeña mujercita en brazos y pegándola a su cuerpo como si deseara que de allí no se apartara jamás, pues era lo que quería y se aseguraría de que así fuese siempre.
— Méte