Los días siguientes fueron difíciles para Elena.
Vivía en un estado constante de ansiedad. Apenas dormía y, cuando lo hacía, despertaba sobresaltada después de soñar con Julián o con Isabella. Cada mañana se repetía que debía marcharse, pero cada noche regresaba a la misma casa y se encontraba con los recuerdos que todavía la perseguían.
Hacía todo lo posible por evitar a Julián.
Desayunaba antes de que él bajara, se encerraba en su habitación cuando sabía que estaba en la sala y procuraba sali