Al otro lado de la línea, Adrián comenzó a reír, una risa nerviosa por la sorpresa. Elena frunció el ceño.
—¿Qué?
—¿Qué locuras dices?
—No es una locura.
La risa de Adrián se apagó poco a poco.
—Elena...
—Ya no quiero estar aquí —dijo ella, mirando hacia la ventana—. Quiero irme lejos. Pero quiero que te vayas conmigo.
Adrián guardó silencio.
—Tengo miedo de irme sola —confesó.
No respondió de inmediato. Elena imaginó que estaba buscando las palabras adecuadas.
—Creo que deberías pensar las cos