Adrián la encontró en la colina donde los viñedos se rendían ante el bosque.
Elena estaba sentada en una piedra baja, con las rodillas recogidas contra el pecho y la mirada perdida en algún punto del horizonte donde el sol se hundía. No se giró cuando escuchó sus pasos, pero Adrián supo que lo había reconocido por la forma en que se tensaron sus hombros.
—No quiero compañía —dijo ella, sin voltearse a verlo.
Adrián se detuvo a tres metros de distancia. El viento traía el olor de la tierra remov