Julián no se movió.
Se quedó de pie en medio de la oficina, con los puños aún cerrados y las palabras de Elena clavadas en el pecho como esquirlas.
Vete y no vuelvas. No te quiero cerca de mí.
Sabía que se había equivocado. Lo sabía desde el instante exacto en que su puño había tocado el rostro de Adrián, quizás desde antes. Pero saberlo no apagaba la otra pregunta, la que seguía quemándole por dentro: ¿por qué se lo habían ocultado? ¿Por qué los dos?
Frente a él, Elena tomaba el rostro de Adri