El sol de la tarde caía sobre los viñedos cuando Adrián salió a la terraza.
Llevaba horas encerrado en la biblioteca, fingiendo revisar documentos de la herencia mientras sus dedos jugaban con el borde de las dos cartas que guardaba en los bolsillos. Ambas encontradas en la biblioteca de Doménica. Dos secretos que pesaban más que todo el papeleo legal de la villa.
Se sirvió un whisky y se recostó contra la barandilla de piedra. El viento de la Toscana traía el olor a uva madura y tierra recién