La luz de la mañana entró despacio por las cortinas abiertas.
Elena despertó primero. Lo hizo poco a poco, saliendo de un sueño profundo y sin pesadillas, de esos que no tenía desde hacía años. Lo primero que sintió fue el calor. Lo segundo, el peso del brazo de Julián sobre su cintura y las manos de ambos, aún entrelazadas, reposando sobre su vientre.
Seguía ahí.
Se quedó quieta, escuchando la respiración pausada contra su nuca, sintiendo el pecho de él subir y bajar contra su espalda. Sonrió