Elena no respondió a la interrogante de Julián. No podía. Su mirada cayó sobre la carpeta azul que yacía en el suelo, entreabierta, con los papeles de su expediente asomados como una herida expuesta. Lo reconoció al instante: el membrete de la clínica, los informes, su historia médica más íntima regada por el suelo de su propia oficina.
El miedo llegó primero. Frío, paralizante.
Y detrás del miedo, la rabia.
—Sí —dijo finalmente con voz firme—. Te lo oculté. No te lo voy a negar. —dio un paso h