Elena cerró la puerta de la mansión detrás de ella.
Durante unos segundos permaneció inmóvil en el recibidor, con la mano todavía apoyada sobre el pomo. El silencio de la casa la envolvió de inmediato.
Había regresado muchas veces a aquel lugar sintiéndose protegida.
Esa noche, en cambio, solo quería marcharse.
Se quitó los zapatos y avanzó. Entonces escuchó el sonido de unos pasos descendiendo por la escalera.
Julián apareció en el descanso.
Ambos se miraron.
Él tenía el rostro pálido y las ma