Dimitri sacudió con suavidad el hombro de Amelia. Habían llegado hacía unos diez minutos, pero había preferido dejarla dormir un poco más. No la habría despertado de no ser porque necesitaba que comiera algo antes de irse a la cama.
Ella abrió los ojos y parpadeó un par de veces, aún desorientada.
—Ya llegamos —le informó.
Amelia le ofreció una sonrisa que le robó el aliento. Sin embargo, casi de inmediato la borró, como si se arrepintiera de haberla mostrado. A Dimitri le incomodaba que todaví