—No sé qué haría sin ti —dijo Sandra—. Probablemente, si dependiera de mí, ya habría cancelado la boda. Hay tanto por elegir… y a veces ni siquiera sé lo que quiero.
—Es completamente normal —respondió Amelia con comprensión—. No tienes que llegar a la planificación con todo decidido. Puedo ayudarte a descubrirlo.
—Y te adoro por eso… y por tu paciencia. —La mujer revisó su celular—. Tengo que irme —añadió, poniéndose de pie—. Tengo otro compromiso.
—Descuida. Estamos en contacto.
Sandra se ma