Mundo ficciónIniciar sesión—No le hagas caso —dijo Pablo —solo es como una niña refunfuñona.
Pablo, además de abogado y socio de la compañia era amigo de Draco y el apaga fuegos de este, Pablo, abogado al fin era más político, podia controlar sus emociones, tenia la sangre fria, en cambio Draco, un hombre joven de apenas 33 años era muy explosivo. Grecia, cuando quería molestarlo, siempre le mencionaba lo de haber sido guardaespaldas, realmente eso no era nada denigrante, pero ella se lo decía como si lo fuera, con toda la intención de sacarlo de quicio. Ethan Draco era un hombre alto, de unos 1.90 de estatura, muy corpulento, trigueño y de ojos negros, llevaba el pelo bien bajito, como el militar que algún dia fue y se dejaba una barba de unos dos o tres dias, todo eso ligado a la cicatriz que le había quedado en su ceja derecha y su manera de vestir (siempre de traje) le daba un aspecto duro, temerario, nada que ver con los muchachos que rodeaban a Grecia, nada que ver con el propio Emilio, que tenía porte de bebé acomodado. Grecia, por su parte era una muchacha que nunca en su vida había pasado trabajo, nació en cuna de oro, sus padres la tuvieron ya de cierta edad y su madre había fallecido cuando ella era una niña aún, asi que su padre la terminó de criar solo, con mucho amor y dedicación, pero también con una pizca de lástima, por lo que la complació en todo lo que ella quizo. No por eso Grecia era una malcriada, no, habia estudiado, era diseñadora de joyas en la empresa familiar y manejaba toda el área creativa, todo proyecto, todo nuevo diseño pasaba por sus manos, era muy talentosa y constaba con un refinado gusto estético, a pesar de eso, era una joven sencilla. No era muy alta, a penas llagaba a 1.65, castaña clara y ojos color café, unas cuantas pecas en el rostro y con sus curvas marcadas, por lo general no solía usar zapatos altos y mantenía un buen trato con sus trabajadores, pero con Draco era otra historia, siempre hubo algo entre los dos, algo que no sabian que era pero a pesar, que se conocían desde que él habia comenzado a trabajar para su padre, apenas habían cruzado palabras, solo en los últimos años que Draco habia pasado a ser parte de la compañia era que tenian más roce, roce que evidentemente no se les daba para nada bien. —¡No lo soporto, en serio, no lo resisto! —entró hablando sola Grecia a su oficina. —¿Qué te hizo esta vez Draco? —preguntó su secretaria, ya acostumbrada al choque de trenes de esos dos. —No entiendo porque siempre habla tan mal de Emilio. —Oh, ya, Emilio —dijo su secretaria y amiga Enma. —¿Tú también Emma? —¡Yo no he dicho nada! —se defendió esta —pero tengo que ser sincera porque para eso soy tu amiga, creo que Emilio es buen hombre, solo...solo que creo que sus padres lo han malcriado demasiado. Grecia respiró profundo, se sentó y bajó la guardia con su amiga —ya sé que anda un poco perdido profesionalmente hablando, pero creo que es cuestión de tiempo, que más temprano que tarde va a encontrar su camino. —Si, quizás en eso tú lo puedas ayudar. —Eso espero, poder ayudarlo en lo que más yo pueda. Ambas mujeres sonrieron y se pusieron a trabajar. Los dias fueron pasando y los preparativos de la boda estaban a tope, Grecia había decidido hacer algo sencillo, en parte porque ella no era ostentosa y por otra parte porque no podía dejar de pensar que su padre no iba a estar ahí con ella. —¿Qué te parece? —le dijo a su amiga mientras le enseñaba como le quedaba el traje de novia. —¡Estas hermosa! —dijo Emma emocionada —Emilio va a tener un soponcio cuando te vea —ambas rieron. —Debe de estar probándose su traje ahora mismo. Y...bueno, Emilio estaba probando algo, pero no era precisamente su traje.






