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4- A HORAS DE LA BODA.

—Eso perra, eso ¡ah! chúpamela, así, así, ¡ah!, me vengo, me vengo, ¡ahhh!

Emilio, se limpió su intimidad, respiró profundo varias veces para calmar su respiración agitada y se compuso su traje.

—Pensé que no nos íbamos a ver más.

—Sonia, ya te expliqué que aunque me case tú y yo seguiremos en lo mismo —se sentó en la cama —ven, siéntate aquí —Sonia lo obedeció —sabes bien que necesito hacer esto, tengo deudas, he desviado mucho dinero del negocio familiar, mis padres todavia no lo saben pero si se enteran me voy a ver metido en grandes problemas —Sonia asintió —una vez casado podré hacer uso del dinero de Grecia o incluso puedo convencerla de una supuesta inverción en un supuesto negocio, no sé, lo que se me ocurra en ese momento para saldar mis deudas.

—Está bien, lo entiendo —Sonia le sonrió —pero...¿será para siempre?

—¡No!, claro que no, esto solo va a durar un par de años, después que haya estabilizado mis finanzas, le pediré el divorcio, Sonia —le agarró el rostro— tú eres la mujer que me gusta, la que hace que me venga a chorros, eso para un hombre es importante, muy importante y eso lo logras tú y nadie más que tú.

***

En el mismo país, no muy lejos de la ciudad se encontraba Antonio, en unas de sus múltiples casas. Era un señor mayor, de casi 70 años y últimamente hasta parecía mayor de lo que era, el cancer le estaba pasando factura. A pesar de que se había sometido a muchos tratamientos no había remedio, cada día se estaba apagando un poquito más y eso solo lo sabían dos personas a parte de sus médicos, Draco y Pablo.

—Entonces doctor ¿cuándo podré volver?

—Bueno, cómo estás empeñado en que tu hija no se de cuenta, cosa que yo no apruebo pero bueno.

Antonio puso los ojos en blanco, su médico quería decirle a Grecia lo que pasaba con su padre, pero este no quería, siempre la había sobre protegido demasiado y esta vez era una más de las tantas veces que había inventado una excusa para hacerse un tratamiento contra su enfermedad.

—Pues…en unos 15 días más menos, para que no se note mucho el deterioro físico.

—Ok, perfecto, entonces voy a esperar ese tiempo y…no te preocupes en cuanto a mi hija, finalmente tendré que decirle, ya esto no tiene remedio, solo me queda esperar la muerte y tampoco quiero que eso le agarre por sorpresa.

—El doctor asintió en silencio.

En medio de la conversación el teléfono de Antonio sonó.

—Bueno —dijo el médico —te dejo, mañana vuelvo a pasar por aquí, la enfermera se queda por si la necesitas.

Antonio le agradeció al doctor y contestó la llamada poniendo el altavoz.

—¿Algo nuevo? —preguntó Antonio.

—Si señor, ya tengo el informe completo, se lo acabo de enviar por correo electrónico.

—Está bien, voy a leerlo y después te llamo.

—¿Señor?

—¿Si?

—Creo que no le va a gustar para nada todo lo que acabo de descubrir.

***

Finalmente había llegado el día de la boda. Emilio y Grecia se iban a casar en una pequeña villa en las afueras de la ciudad que pertenecía a su padre. El lugar era hermoso, lleno de vegetación y con un estupendo lago que complementaba una hermosísima vista.

La casa era como una especie de cabaña gigante, todo de madera, rústico y acogedor.

Habían hecho un excelente trabajo en cuanto a la decoración para la boda, todo en blanco y verde pastel. Iba a ser una boda sencilla pero hermosa sin descuidar ni el más mínimo de los detalles.

***

Draco estaba en su oficina, mirando por el enorme ventanal que tenía y daba a la ciudad, lo veía todo, pero a su vez no estaba mirando nada, su vista y su mente estaban perdidas.

—¿No vas a la boda? —le preguntó Pablo que acababa de entrar en la oficina, era sábado, pero muchas veces solían ir un rato en la mañana.

Draco se volteó y se sentó en su silla con total calma.

—No fui invitado.

—Raro es que me dijeras lo contrario—Pablo se echó a reír.

—¿Quieres que te diga algo? Si yo fuera tú, tampoco fuera, va y a lo mejor te pierdes el verdadero espectáculo.

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