Me escabullo en las duchas como todas las mañanas, entro a la sala de máquinas y sonrío maliciosa regulando el termostato del agua caliente a su máxima potencia. Escucho una maldición y me río con gusto, cierro el paso del agua caliente y el agua helada lo hace gruñir una vez más logrando hacerme carcajear hasta que mi abdomen duele.
Salgo de las duchas escabulléndome igual que como entré, salgo del gimnasio y camino hacia la mansión con una sonrisa en el rostro. Habían pasado cinco días desde