Mabel
Dormí poco, por eso escuché perfectamente la orden de Riccardo: me moverán a otra casa de resguardo.
Me arreglé antes de que lo pidieran y cuando la puerta se abrió yo esperaba con las piernas cruzadas sentada en la cama. Cuando la puerta se abrió Riccardo entró, hoy se parece mucho a Faddei y no comprendo esta similitud.
—No pensé que… —Se rasca la cabeza, realmente no sabe qué decir. —Debemos irnos, pero eso ya lo sabes.
—Me adelante a las órdenes.
Su expresión está llena de incredulida