Mabel
Le puse un límite y él me besa de forma desesperada, no es un tipo de beso que impone, sino urgente para reafirmar que sigo a su lado. Mi pecho palpita desesperado y envuelta en mi miedo, mis manos sostienen a Faddei como ese gran salvavidas que escogí para salvarme.
Sus manos comienzan a quitar la tela de mi camisa y debo detenerlo. —No, eso no lo tendrás hoy. —Sonríe.
—Lo sé, señora Moretti, solo quiero que esté cómoda. —Su respuesta no me alivia, al contrario, su voz enronquecida hace