Mabel
Los días pasan, pero no de la forma en que imaginé, desde esa noche Faddei no volvió a dormir a mi lado, hoy regresamos a la villa y no vino él a decirlo, sino que envió a Vicenzo a decirme.
¡Es un idiota engreído!
La isla es suficientemente grande a veces lo escucho entrar a la habitación de madrugada, otras ni siquiera eso, pero no se queda y cuando coincidimos es por breves segundos y ni me observa, los regalos también cambiaron.
Ya no aparecen cada noche, ya no hay notas escritas a mano ni flores frescas esperándome.
—¿Señora se encuentra lista? —Vicenzo pregunta a través de la puerta. No respondo, salgo sin más. —Le ayudo con la maleta.
—Gracias Vicenzo. —No le pregunto por Faddei, que rápido la realidad me golpeó en la cara.
Bajo las escaleras y me despido de las empleadas, soy escoltada, me odio por recorrer el camino que quería evitar con mi padre.
Al subir ya estaba sentado enfocado en su celular, no dije nada, simplemente tome asiento en un lugar contrario, Vicen