Mabel
Han pasado algunos días, en los cuales los regalos de Faddei no se han detenido y, en el fondo, tengo miedo de estrellarme contra una pared de concreto, sus atenciones son continuas y ambos hemos disfrutado nuestra luna de miel.
Mi piel blanca está marcada por sus anchas manos, mi cuerpo un poco dolorido y mis labios casi desgastados de tantos besos que Faddei me ha dado.
Los regalos no son solo han sido joyas, sino vestidos que aparecen colgados para cada cena, sino flores, dulces y una que otra nota escrita por su puño y letra.
Detalles que han roto todas las barreras, estoy viviendo el momento y que pase lo que tenga que pasar.
Faddei no deja de mirarme, esta noche, la cena es distinta. No hay empleados alrededor, solo una mesa para dos, velas con las llamas ansiosas danzando de un lado a otro, el sonido del mar rompiendo lento contra la orilla y la noche tan hermosa como nunca la habia visto.
—Estás muy callada —dice, observándome desde el otro lado de la mesa.
—Estoy p