Mabel
Han pasado algunos días, en los cuales los regalos de Faddei no se han detenido y, en el fondo, tengo miedo de estrellarme contra una pared de concreto, sus atenciones son continuas y ambos hemos disfrutado nuestra luna de miel.
Mi piel blanca está marcada por sus anchas manos, mi cuerpo un poco dolorido y mis labios casi desgastados de tantos besos que Faddei me ha dado.
Los regalos no son solo han sido joyas, sino vestidos que aparecen colgados para cada cena, sino flores, dulces y un