Capítulo 24

Mabel

Confieso que no debería gustarme que me mire así, mientras me aplico protector solar, como si mi piel fuera lo más maravilloso del mundo, muerdo mi labio inferior y extiendo el recipiente.

—¿Me ayudas, querido esposo? —El cigarrillo termina contra el cenicero.

Celebró mentalmente, no aparta la mirada de mí, toca mis dedos y sin más me giro, suelto los tirantes de mi traje de baño.

—¿Acaso quieres quedarte sin empleadas? —Sonrió.

Está siendo posesivo y aunque no debería, me gusta y eso
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