Mabel
Confieso que no debería gustarme que me mire así, mientras me aplico protector solar, como si mi piel fuera lo más maravilloso del mundo, muerdo mi labio inferior y extiendo el recipiente.
—¿Me ayudas, querido esposo? —El cigarrillo termina contra el cenicero.
Celebró mentalmente, no aparta la mirada de mí, toca mis dedos y sin más me giro, suelto los tirantes de mi traje de baño.
—¿Acaso quieres quedarte sin empleadas? —Sonrió.
Está siendo posesivo y aunque no debería, me gusta y eso