Capítulo 24

Mabel

Confieso que no debería gustarme que me mire así, mientras me aplico protector solar, como si mi piel fuera lo más maravilloso del mundo, muerdo mi labio inferior y extiendo el recipiente.

—¿Me ayudas, querido esposo? —El cigarrillo termina contra el cenicero.

Celebró mentalmente, no aparta la mirada de mí, toca mis dedos y sin más me giro, suelto los tirantes de mi traje de baño.

—¿Acaso quieres quedarte sin empleadas? —Sonrió.

Está siendo posesivo y aunque no debería, me gusta y eso me asusta más que su carácter impulsivo.

—Para nada, no me agrada la violencia. —Dije con normalidad, hasta que siento caer el esposo protector solar y luego su mano ancha deslizarse con suavidad por mi espalda.

Su mano se mueve despacio, el protector solar es solo una excusa; No hay prisa, ni hay urgencia, y ese contacto me quema más que el sol.

—¿Me estás provocando? —murmura lo obvio.

—¿Eso hago? —Respondo a su pregunta con otra pregunta, finjo inocencia. —Querido esposo, según yo solo cu
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