Faddei
La observó fijamente, Mabel no retrocede, no baja la mirada, pese a que respira agitada, pero no por miedo, besa mi labios y recibo su beso con sed, debo recordarme que es la hija del maldito que me arrebato todo, mi sangre hierve, pero no es por eso.
Es por ella.
—¿Sabes lo que significa tu respuesta, esposa?
—Significa que no voy a huir, porque lo elegí ¿Lo recuerdas? Esto último, lo dice con ironía. —Pero tampoco, voy a pedir permiso y que no me vas a romper sin que yo te rompa un poco a ti también.
Su seguridad me divierte, claro que la romperé, a mí ya no pueden romperme, ni ella, ni nadie y aunque esa respuesta me atraviesa más que cualquier bala ignoró la sensación de mi pecho.
—Creída. —Sonríe, la tenacidad de la mariposa cada vez me sorprende un poco más.
La tomó por la cintura con firmeza y ella reacciona de inmediato, empujándome el pecho, impacto su espalda en la cama y su resistencia me agrada, porque en el fondo no quiere resistirse, pero sé que tampoco se entre