Mabel
Pedirle fidelidad a un desconocido es otra locura más que me sobrepasa. Ya viví una mala experiencia y definitivamente no quiero que otra mujer toque al hombre que es mi esposo.
Reconozco que la azafata me hizo sentir incomodidad, pero escuchar a Faddei decirle. “Ya escuchaste a mi mujer, ella lo hará” ocasionó que mi pecho palpitará con demasiado fuerza.
No debo confiar del todo, no otra vez, no después de aprender lo que cuesta recomponerse cuando te rompen sin pedir permiso, aunque Bruno quedó en el pasado, no me interesa saber nada de él.
Pensé que eran sus brazos los que me sostenían para bajar del jet, pero no fue él. —Bájame. —Sentí miedo de que me estuvieran secuestrando, es tonto, después que fui yo quien accedió a todo. Cuando me colocan en el suelo Vicenzo me mira mal.
—¿Dónde está? —pregunté ofuscada. —¿Por qué tú me tocas, Vicenzo?
—No fue de manera incorrecta —respondió tenso. —Fue una orden de mi señor, y la cumpliré al llevarla a su habitación.
Me sujetó de l