El aire fresco de la noche golpeó mi rostro como una bofetada, pero no logró enfriar el fuego que ardía en mi interior. Cada paso que daba alejándome de la cabaña de Elara era una punzada más en mi pecho, un eco del mensaje que aún danzaba cruelmente en mi mente.
Valentina... mi Valentina... ¿enamorada de ese hombre? Del hombre que la había secuestrado, que la había aterrorizado, que había intentado arrebatarla de mi vida. Era absurdo, ilógico, una pesadilla de la que anhelaba despertar.
La rab