—Y no voy a permitir que vea lo que hay en su interior —concluyó Gustavo, avanzando lentamente hacia la mesa donde descansaba el cofre recién abierto. Sus ojos oscuros se clavaron en Valentina, destilando un odio frío y obsesivo.
Los dos hombres que lo acompañaban se desplegaron a sus flancos, observando al grupo con una amenaza silenciosa. El comedor, se había convertido en el escenario de un enfrentamiento peligroso.
Richard se interpuso entre Gustavo y Valentina, con los puños apretados.